Seguro que te ha pasado: vas a un evento social pensando que debería ser genial. Y en lugar de disfrutarlo, te pasas el rato pensando «¿por qué no me lo estoy pasando mejor?»
Puede que creas que el problema es tuyo. Que no sabes relajarte o que deberías esforzarte más en ser feliz. Pero un estudio sorprendente sugiere que el verdadero problema es justo ese: esforzarte demasiado en ser feliz.
Lo que descubrieron los investigadores
Un grupo de científicos quería entender si valorar mucho la felicidad podía tener efectos negativos. Para investigarlo, hicieron dos estudios con mujeres adultas.
En el primer estudio, pidieron a cincuenta y nueve mujeres que habían vivido situaciones estresantes recientemente que respondieran cuestionarios. Querían saber cuánto valoraban la felicidad en sus vidas y cómo se sentían en general.
El resultado fue claro: cuanto más importante era la felicidad para estas personas, peor se sentían. Reportaban menos emociones positivas y más síntomas de tristeza.
Pero los investigadores querían ir más allá. En un segundo estudio con sesenta y nueve mujeres, decidieron probar algo. A la mitad les dieron un texto que decía que la felicidad era extremadamente importante y que deberían aprovechar cada oportunidad para sentirse felices. A la otra mitad les dieron un texto neutral.
Después, mostraron a todas un vídeo diseñado para hacerlas sentir bien. ¿Qué pasó? Las mujeres a las que se les había dicho que la felicidad era muy importante disfrutaron menos del vídeo que el resto.
¿Por qué sucede esto? Cuando conviertes la felicidad en tu objetivo principal, creas una presión constante. Empiezas a juzgar cada momento con la pregunta «¿estoy lo suficientemente feliz?». Y esa diferencia entre cómo te sientes y cómo crees que deberías sentirte te decepciona. Te hace sentir peor, no mejor.
Es una paradoja: cuanto más persigas la felicidad como meta, más la bloqueas.
Qué significa esto para ti
Esto es especialmente relevante si te cuesta en situaciones sociales. Probablemente te hayas dicho muchas veces «tengo que pasarlo bien» antes de una quedada o una cita. Pero esa presión interna solo te hace estar más pendiente de si te sientes feliz o no, en lugar de disfrutar lo que está pasando.
Cambia tu pregunta interna
La próxima vez que estés en un evento social, deja de preguntarte «¿cómo podría estar más contento?». En su lugar, pregúntate «¿cómo puedo estar más presente en este momento?». Céntrate en escuchar de verdad a la otra persona. Presta atención a los detalles de la conversación. La felicidad llegará sola, sin que la persigas.
Acepta un rango amplio de emociones
No todas las interacciones sociales tienen que ser increíbles. Está bien sentir nervios, aburrimiento o incomodidad a veces. Permitirte sentir lo que sientes, sin juzgarlo, te ayuda a conectar con más autenticidad. Intentar forzarte a estar feliz todo el rato solo te aleja de la experiencia real.
Céntrate en la conexión, no en la felicidad
Antes de una situación social importante, replantea tu objetivo. No pienses en «tengo que pasarlo genial». Piensa en «¿cómo puedo ser genuino con esta persona?» o «¿qué puedo aprender de esta conversación?». Cuando te centras en la conexión y el sentido, la felicidad aparece como consecuencia, no como imposición.
Este enfoque no es mágico. No hará que todas tus interacciones sean perfectas. Pero sí puede quitarte esa presión que tanto te pesa y permitirte disfrutar más de lo que ya tienes delante.
A veces, la mejor forma de ser feliz es dejar de intentarlo con tanta fuerza.
Referencia: https://psycnet.apa.org/record/2011-11536-001






















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